Mundo simbólico

cupcakes

El postureo es algo silencioso pero contagioso. El postureo eres tú cuando no eres feliz viendo ese atardecer en Palma de Mallorca si no le sacas una fotografía y la compartes. El postureo es la inmediatez. El postureo es no disfrutar de las copas en el apartamento de playa al que te has ido con tus amigos porque lo que realmente te hace feliz es que todo el mundo sepa que estás disfrutando de las copas en el apartamento de playa al que te has ido con tus amigos.

Esto leía yo en un artículo que me encontré compartido por Facebook. Más allá de centrarse en el tema de relaciones amorosas, contiene algunas ideas que invitan a la reflexión. Como se apunta en la parte  citada, parece que nuestra felicidad ya no nos pertenece a nosotros y nuestros actos, si no a lo que los demás opinen de ellos, al número de comentarios y likes. “¡¿Por qué nadie comenta esta foto tan genial del cupcake que acabo de comerme?!” Un drama.

Pese a la aparente frivolidad del asunto creo que se trata de algo más serio. ¿Obtenemos placer por lo que hacemos o por lo que creen que hacemos? Es posible que la sociedad virtual e hiperconectada  haya hecho que nos movamos más en el mundo simbólico que en el real. Puede que el concepto de nosotros mismos esté cada vez más relacionado con el que tienen los demás. El postureo en su máxima expresión, convertido ya en una necesidad o en una herramienta para competir con los demás, que también posturean.

En cualquier caso, ese placer obtenido desde la mirada del otro parece tratarse de una felicidad fastfood, que tal como se crea desaparece, como en una verdadera adicción. Todo puede reducirse a una pregunta bastante simple: ¿A qué queremos darle valor?