Arte y política en una ciudad muerta

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Ha sido una semana movida en Barcelona. El pase de Ciutat Morta en televisión el pasado sábado ha dado mucho que hablar. En este caso aún cuando parece que no pueden ocurrir más hechos oscuros, por calificarlos de algún modo, aparece otro, como el despido de la ex compañera de Patricia Heras o la tendenciosa portada de El Periódico de hoy.

Ayer por la tarde asistí a las mesas de debate de Ídem, organizado por la Sala d’Art Jove de Barcelona y de Madrid, en Arts Santa Mònica. Una vez fuera hablamos sobre el caso de Ciutat Morta, que finalmente ha tenido la repercusión que sus autores esperaban. La reflexión, estando en contexto artístico, acabó siendo: más quisiera un artista político que su obra llegara a ese extremo de visibilidad bien entendida, pasando a la esfera pública y resultando útil para reabrir casos o como mínimo, mentes.

El formato de documental es mucho menos críptico que el del arte contemporáneo para el gran público. Y para mí esto tiene cierta relación con algo que se dijo durante segunda mesa organizada ayer, dedicada a la autogestión. Juan Canela acabó mencionando a Guanyem y planteó si gente del sector no debería implicarse y meterse, por ejemplo, en su sección de Cultura para tomar las riendas.

Muchas veces el artista o el comisario están observando la realidad desde un punto de vista alejado, como si no formaran parte de ella. La pregunta es: si la red artística institucional no funciona y tiene muchos vacíos, ¿lo mejor no será tomar parte para cambiarlo? ¿Nos hemos resignado a no creer en el trabajo de la institución? Suplir sus vacíos con proyectos autogestionados (echo de menos una buena definición para esta palabra) tantas veces precarios igual no es siempre el mejor camino, o como mínimo, el único.

Por lo demás tuve la sensación, como pasó con A*Live, que el encuentro tenía cierto aire a terapia de grupo más que otra cosa. Tal vez si desde el arte contemporáneo tomáramos parte activa de la sociedad muchas obras serían más respetadas y escuchadas fuera del contexto artístico, sin necesidad de pronunciar las quejas en forma de documental. 

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