Espacios intangibles

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En l’Espai Arc del Museu d’Art de Cerdanyola se puede ver Empremtes de l’habitar, que me ha permitido descubrir la obra de Anna Llimós. Suele trabajar sobre el espacio o territorio vinculado con la memoria. Sus actuaciones van desde unas intervenciones en una pared, la creación de un falso anuncio publicitario o la recreación de un mítico viaje mediante capturas de Google Maps. Esta expo concisa muestra dos tipos de trabajos: cajitas de música de latón y fotograbados con dibujo.

Las láminas, en blanco y negro, retratan el desván de una casa antigua, espacio que según la artista se convierte en una especie de archivo con el paso de los años. Parece una pequeño recorrido que recuerda al ambiente doméstico y cotidiano retratado por Clare Gallagher en su serie Deriva doméstica.

Su característica principal es que tienen una silueta en blanco de un objeto desaparecido: sillas, jaulas, llaves o bicicletas. Con un dibujo minucioso, Anna rellena esos huecos blancos para crear un efecto de semitransparencia. Los objetos ya no están ahí y se funden con el que fue su entorno, pero lo rememoran como la magdalena hace rememorar a Proust.

Las cajitas de música reproducen con una melodía desgastada El Cant dels Ocells, recreando un espacio imaginario no tan íntimo, sino más ligado a la colectividad. Los dos tipos de obra convergen en lo común y lo añejo, los espacios de aquello fugaz, pero que vive en un plano no físico.

La muestra pertenece al ciclo expositivo Art en trànsit, en el cual varios artistas contemporáneos reflexionarán sobre el territorio. Esta es la primera de las exposiciones con un trabajo se inscribe dentro de la tendencia actual de renovación del dibujo. Entran ganas de tener una vuelta más sobre el mismo tema. Una tercera tipología de obra podría haber redondeado la muestra, actuando como puente entre la serie gráfica y las cajitas de música. Podría añadir, en definitiva, otros matices.

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