No-ARCO 2016

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Es cierto que aún decimos: “estoy mirando vuelos para ir a ARCO”, pero luego preferimos ir a todo antes que a la feria. Este año he decidido pasar de formalismos e ignorarlo del todo en la crónica anual. Me gustan más el tipo de obras que pudieron verse en Drawing Room, el primer año de una pequeña feria dedicada al dibujo contemporáneo. Menor formato tanto de espacio como de obras, más íntimo y cercano en todos los aspectos. Promete si sigue esta línea, haciendo posible la combinación de coleccionismo y el descubrimiento de obras interesantes. Just Mad empezó de una forma similar, como algo alternativo al gran ARCO y con un tipo de obras muy diferenciado al de Ifema, pero su aumento de metros cuadrados no hizo aumentar su calidad el pasado año, y tampoco ha habido mejora en el 2016.

Otro de los enclaves artísticos del fin de semana ha sido Casa Leibniz, en el Palacio Santa Bárbara. Una propuesta comisariada que toma las teorías de Leibniz sobre el tiempo para estructurar obras y textos dentro de un palacio decimonónico. Dice concentrar artistas y galerías jóvenes con un fin contemplativo, alejándose de conceptos como “emergente”. Destacaría las obras de Alfredo Rodríguez (Espacio Valverde), Rubén Martín de Lucas (AP Gallery), Julio Falagán (6más1) y Aggtelek (Ponce+Robles). Se agradece una propuesta alejada del formato feria más clásico y del cubo blanco, del que ya unos cuantos nos hemos ido cansando.

Y esto enlaza con la última expo que siento necesidad de comentar, debo reconocer que mi favorita: Vera Icon’s False Friends en Factoría de Arte y Desarrollo. Es la antítesis de ARCO, un mercado a pequeñísima escala lleno de humor, crítica y diversión a partes iguales.

Explica la nota de prensa:

‘False Friends’ es una fiesta con 40 artistas emergentes, sumergentes o buceadores, que navegan en chalupa o en yate, modernas, posmodernas y metamodernas, desde los que no han cumplido los 30 hasta los que pasaron de los 60. 40 maravillosos artistas traidores que han elegido un nombre que copiar, homenajear o burlar, y que superan con creces a sus referentes del arte contemporáneo, vivos y muertos. Ya que en Europa es imposible realizarse profesionalmente como artista, dediquémonos de una vez por todas a la delincuencia intelectual y al mercado más negro.

Pues sí, negro como su humor. Una gran idea para una expo independiente exenta de pretensión. Es una propuesta de Vera Icon, personaje que dice haber abandonado la teoría artística para lanzar una cruzada contra los problemas y los enemigos de los artistas contemporáneos.

Partiendo de la copia reconocida se obtiene una obra falsa, una mentira, pero una mentira muy sincera que trastoca los parámetros del coleccionismo convencional y de las estructuras asentadas en el arte contemporáneo de fundaciones y museos: no cubo blanco, no gran montaje, no gran espacio. La presencia de artistas superestrella pasa por el filtro de la imitación. El éxito aquí funciona según otros parámetros, y es genial. Quiero más Vera Icon y menos ARCO.

La puesta en marcha de una persona

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Hasta de aquí unas semanas se puede ver la segunda exposición individual de Iván Argote en Barcelona. Se trata de La puesta en marcha de un sistema en galería ADN. Argote busca la relectura de símbolos, documentos e imágenes ideológicas del pasado para cuestionar la autoridad presente. La obra que da nombre a la exposición es un conjunto de composiciones hechas con material del archivo personal del artista. Mediante propaganda política, fotografías o retratos, se crean diferentes capas de lectura, tanto literal como figuradamente. Las estructuras buscan encontrar nuevos significados al pasado a través de los documentos históricos.

Reddish Blue (2015) se inspira en una fotografía del padre del artista, en la que se le ve a él en los años 70 enseñando a los niños a ser buenos activistas. La anécdota histórica que Argote extrae es sobre Kodak y su emulsión fotográfica, que hacía que las fotografías se volvieran rojas al envejecer. En el contexto de la Guerra Fría pareció inaceptable que los archivos de los Estados Unidos pudieran acabar siendo de ese color, de forma que la compañía desarrolló un nuevo sistema de revelado que convertía las fotografías en azules con el paso de los años.

Esto se narra con diferentes frases a través de diapositivas colocadas en un carousel. Se trata de una anécdota tan graciosa como reveladora que, sin embargo, no puede adivinarse viendo solo la pieza. En su día, fue una reflexión del presente en relación al futuro (la transformación en rojo de las imágenes), y ahora tanto la anécdota, como obra y la expo, viajan del pasado hacia nuestros días. Más que un dialogo con la historia, la muestra es una interpretación personal, donde las obras actúan como elementos de un collage histórico dentro de la galería y ponen en duda el pasado ideológico y, por tanto, también el presente.

En anteriores obras de Iván Argote como La estrategia (2012) o Two 50 years old white males having emotions (2013) se destila cierta rebeldía e interés por lo revolucionario, temas que tienen menos peso en sus obras más recientes. Es en la última obra expuesta, Activissme – Thessaloniki (2015), dónde aún se ven. Se trata de un vídeo de la intervención que busca estimular a los niños para que hagan eslóganes de protesta. Argote utiliza la energía juvenil, pre-política, para hacer algo que todavía no le es natural. Esta pieza, igual que Reddish Blue, parte una actividad que su padre hizo tres décadas antes, es decir, toda la subversión hacia lo establecido se ve trastocada por ese referente paterno que puede resultar casi irónico.

La exposición trata de rehacer conceptos políticos globales a través de elementos pequeños y cotidianos. A parte de mostrar la puesta en marcha de un sistema, simplificando ese gigante engranaje para hacer asequible su análisis, la expo podría llamarse también “La puesta en marcha de una persona”, pues todos nacemos dentro de un sistema y acabamos aceptándolo, negándolo o analizándolo desde nuestra individualidad. Y esa individualidad, que se puede entender como un microsistema, se forma partiendo de un contexto social, una familia y unos genes, como los del padre de Argote.

Piedra, acero y Realismo

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David Bestué llena el espacio de La Capella con Realismo, una expo que trata la historia de la ingeniería española, y por tanto de la construcción. Un tema algo inusual en el arte que empezó gestándose con el propósito de investigar sobre física escultórica. Sin embargo, el reusltado puede leerse desde una mirada mucho más política.

Por un lado, en uno de los laterales de La Capella se encuentran una serie de carteles. A modo de eje cronológico explican de forma irónica, basada en citas y fotografías, la historia de la construcción española en los últimos tiempos. Desde la escuela de ingeniería hasta arquitectos famosos, la posguerra o la deconstrucción, es un amalgama cómico de despropósitos sobre como la disciplina de la ingeniería ha colapsado en España. El peso conceptual de la exposición está en este recorrido visual, pues brinda toda la información necesaria para entender de qué nos habla Bestué en la gran instalación de materiales.

Ésta, llenando el gran espacio expositivo, reúne multitud de elementos constructivos (puentes, cadenas, hierro forjado, agua del río Ebro en una botella de plástico…), combinados de forma muy escenográfica. El peso formal de la propuesta se encuentra aquí. Son formas casi escultóricas y de grandes dimensiones que aportan un valor tangible. Están en un lugar no propio, fríos y desordenados, familiares y extraños al mismo tiempo.

Esto de cambiar cosas de su lugar y la ironía con trasfondo político es algo que Bestué ya hacía junto a Marc Vives hace años. Sin ir más lejos, las Acciones en casa que trastocaban el orden mental de un espacio cotidiano e insertaron a Bestué/Vives en el contexto de arte contemporáneo de Barcelona. Qué mejor lugar que el de una capilla gótica en el centro de esta ciudad para conjugar elementos constructivos que nos recuerdan lo absurdo en una exposición vinculada con el contexto actual.

ARCO & CO II

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No hay viaje a Madrid (primera parte aquí) que no pase por las exposiciones del Reina Sofía. Tanto Daniel G. Andújar (Sistema operativo) como Juan Luis Moraza (república) tienen dos expos potentes que merece la pena ver.

La primera, Sistema operativo, trata sobre la vigilancia de nuestros días tras la aparición de internet, el avance que puede ir en contra de la privacidad y moldear un nuevo paradigma. Se reúnen tanto obras antiguas como nuevas. Las primeras hacen que nos demos cuenta de como Andújar, desde el net-art, captó a finales de los 90 lo que se avecinaba, con discursos que hoy no nos sorprenden por ser temas que hace años que se encuentran sobre la mesa: reproductibilidad de las información, nuevo coleccionismo virtual, copyright… Las más nuevas, en cambio, suponen una vuelta de tuerca más sobre esa ausencia de privacidad, la escasa diferencia entre espacio público y privado y como se crean nuevas jerarquías y estructuras sociales.

Una de esas es Picasso Comunista (2012), que muestra archivos desclasificados que el FBI fue elaborando durante la vida del artista, por su posición ideológica. Los archivos se han desclasificado de forma parcial, pues hay trozos tachados imposibles de leer. El FBI actuó como vigilante, casi como un historiador del arte involuntario, reuniendo hechos personales y artísticos de Picasso entendiendo esas dos esferas como una sola.

Mucho más compleja es república (sin mayúsculas) de Juan Luis Moraza. Sin texto ni guía para el visitante más que una hoja de sala con toda la lista de obras y su disposición, una gran cantidad de sus obras se sitúan trazando diferentes discursos, a veces entrelazados y relacionados siempre con la idea de república, es decir, la cuestión pública y ciudadana que atañe a todos los individuos. Moraza quiere despertar esa conciencia ciudadana que parece cada vez más dormida (¿conexión con Andújar?). Vemos, por ejemplo, urnas de votación dentro de otras, haciendo imposible el voto.

Otras obras, como Acorde (análisis) o los cráneos humanos deformes muestran órganos y partes del cuerpo descontextualizados, de acuerdo con el concepto de dividuo (seres divisibles). Son al mismo tiempo símbolos políticos y por tanto que exigen responsabilidad y participación social. Moraza busca el concepto antropológico en el que todo está relacionado con la persona y su lugar, en un juego de interior y exterior, cuerpo y contexto. A través de la escultura examina a su vez la sociedad contemporánea y el museo como laboratorio y lugar de autorreflexión de esa sociedad.

Por otro lado, en La Casa Encendida se pueden ver las obras de los artistas emergentes ganadores de la convocatoria de este año. A destacar Oriol Vilanova con Perder casi nada. Postales cerradas en su sobre original nunca enviadas ni abiertas plantean la duda de cuales son las imágenes que esconden. Se trata de postales de España, que coinciden con el boom turístico de mediados del siglo pasado. Nunca han sido abiertas, manteniendo cierto misterio y sobretodo estimulando nuestra imaginación. Como punto de partida, los tópicos del país del eslogan turístico “Spain is different”.

En Following the (Magnetic) North Pole Pep Vidal va en busca del Polo Norte real, magnético. Plantea, en su línea relacionada con la ciencia y los cambios imperceptibles de nuestro mundo, cómo algo que parece universal e intocable va cambiando de lugar de forma continua e impredecible. Se embarca en una aventura paralela a la de aquellos exploradores que fueron en busca del Polo Norte geográfico, cuestionando conceptos socialmente aceptados. Expuso también en en stand de L21 en ARCO.

Espacios intangibles

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En l’Espai Arc del Museu d’Art de Cerdanyola se puede ver Empremtes de l’habitar, que me ha permitido descubrir la obra de Anna Llimós. Suele trabajar sobre el espacio o territorio vinculado con la memoria. Sus actuaciones van desde unas intervenciones en una pared, la creación de un falso anuncio publicitario o la recreación de un mítico viaje mediante capturas de Google Maps. Esta expo concisa muestra dos tipos de trabajos: cajitas de música de latón y fotograbados con dibujo.

Las láminas, en blanco y negro, retratan el desván de una casa antigua, espacio que según la artista se convierte en una especie de archivo con el paso de los años. Parece una pequeño recorrido que recuerda al ambiente doméstico y cotidiano retratado por Clare Gallagher en su serie Deriva doméstica.

Su característica principal es que tienen una silueta en blanco de un objeto desaparecido: sillas, jaulas, llaves o bicicletas. Con un dibujo minucioso, Anna rellena esos huecos blancos para crear un efecto de semitransparencia. Los objetos ya no están ahí y se funden con el que fue su entorno, pero lo rememoran como la magdalena hace rememorar a Proust.

Las cajitas de música reproducen con una melodía desgastada El Cant dels Ocells, recreando un espacio imaginario no tan íntimo, sino más ligado a la colectividad. Los dos tipos de obra convergen en lo común y lo añejo, los espacios de aquello fugaz, pero que vive en un plano no físico.

La muestra pertenece al ciclo expositivo Art en trànsit, en el cual varios artistas contemporáneos reflexionarán sobre el territorio. Esta es la primera de las exposiciones con un trabajo se inscribe dentro de la tendencia actual de renovación del dibujo. Entran ganas de tener una vuelta más sobre el mismo tema. Una tercera tipología de obra podría haber redondeado la muestra, actuando como puente entre la serie gráfica y las cajitas de música. Podría añadir, en definitiva, otros matices.

Evolución fotográfica

Cada año muchas miradas se concentran en el CCCB con la llegada del World Press Photo a Barcelona. Poco a poco ha ido ganando popularidad hasta convertirse en una de las exposiciones del año que todo tipo de público va a ver. La fotografía ganadora de este año, poética en lo visual y con una historia potente, mostraba un grupo de inmigrantes que justo antes de embarcar intentan coger cobertura para despedirse de sus seres queridos a los que no saben si volverán a ver.

Tras esta muestra de fotoperiodismo, ahora se puede ver otra exposición con la fotografía como protagonista. Se trata de Els agricultors. Recol·lectar i/o manipular en Sant Andreu Contemporani. Si World Press es un encuentro anual sobre fotoperiodismo que ha ido evolucionando con el tiempo, algo que queda patente con sus imágenes ganadoras de cada año, el enfoque de esta exposición es muy diferente. Hace visible la transformación de la fotografía y las ganas que hay de hablar sobre ello.

Está comisariada por Sema D’Acosta, que reúne el trabajo de 11 artistas que tienen en común la fotografía como herramienta, como concepto, como resultado. Es fruto de la convocatoria Sant Andreu Contemporani 2014. D’Acosta divide la exposición en quienes recopilan imágenes (“recolectores”) y quienes trabajan con la fotografía como objeto plástico (“manipuladores”).

Vivimos en el mundo de la imagen en el que las fotografías en sí ya no son solo el objetivo, si no algo que todos generamos día a día y podemos utilizar para fines muy diferentes. Con la aparición de la imagen digital, todo es transformable en imagen y su fácil transmisión ha hecho que también se pueda trabajar con fotografía sin necesidad de tomarla, e incluso sin que haya una cámara de por medio. En plena postfotografía, según Fontcuberta, la tarea del fotógrafo es más la de una constricción que no una creación: hay tanta cantidad de imágenes que debe saber si su imagen es reiterativa o bien contribuirá en algo a la cultura visual. El valor y la función de la imagen se reinventan.

Mientras World Press es una de las exposiciones más firmes del año, con una fotografía ganadora muy contemporánea, Els agricultors es la exposición de reflexión sobre la fotografía en sí que muestra, mediante el trabajo de artistas jóvenes, los cambios conceptuales que están ocurriendo más allá del género o de un estilo.

El siglo underground

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Adiós verano, adiós Festa del grafisme. Esta ha sido la primera vez que voy, pero ya la séptima que Grrr organizan talleres, exposiciones y charlas relajadas entorno al diseño gráfico en Portbou a finales de septiembre.

Ayer Óscar Guayabero presentó su exposición Gráfica Canalla, con origen en dos artículos publicados en la revista Visual y que seguramente se ampliarán hasta ser un libro. Se trataba de una ristra de pósters pegados en la pared de cemento de un túnel. Una estética underground para una historia underground: un recorrido visual por la contracultura del siglo XX. De los dadaístas y futuristas al punk, de la Bauhaus escuela a la Bauhaus banda, Warhol y la creación de The Velvet Underground, portadas célebres de Sonic Youth o manifestaciones antiglobalización.

Muchos datos difusos se superponen en esta copia de la copia. Es el rastro de unas imágenes y un imaginario que siempre se han movido contracorriente y contra el establishment, teniendo una estrecha relación con la política. Demasiada información que es difícil de ordenar y digerir, puesto que todo está conectado y un tipo de imagen, incluso a veces sin saberlo, se ha transmitido y perpetuado en el tiempo. Todos los protagonistas de la exposición tienen en común la fascinación por lo prohibido y, según Guayabero, el crimen como una de las bellas artes. Un crimen sintomático o en contra de algo: aquello inesperado que se sale de lo normal y que es capaz de provocar pesadillas a los más acomodados.

Como se puede ver, todo esto tiene mucho de muchas cosas. Primero de historia del arte, empezando por las primeras vanguardias y siguiendo con la música popular. También hay diseño y diseñadores (o la falta de ellos), y el nihilismo de gran parte del pensamiento más reciente. Cómo se llega al punk desde el dadaísmo es algo que Greil Marcus ya planteaba en Rastros de Carmín y que próximamente David G. Torres volverá a tratar en relación con el arte contemporáneo en CA2M.

Puede que la falta de fe que la crisis y unos cuantos políticos están dejando a sus espaldas ayude a que nos acordemos más de todos estos pequeños gestos, tan conectados con su contexto. Todos se podrían estudiar con detenimiento desde muchos ángulos distintos: música, arte, diseño, filosofía, incluso antropología. Me gustaría que se unieran esfuerzos desde varias disciplinas para estudiarlo y contarlo con mayor perspectiva, al fin y al cabo, es la historia que configura gran parte del poso cultural del último siglo.

Dos historias

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Una semana después de la inauguración de la tercera edición de Art Nou, primera visió en las galerías de Barcelona ya he visto la mayoría de exposiciones y me gustaría destacar dos trabajos.

El primero es de Yurian Quintanas cuya exposición fotográfica documental Happy Nothing en la Galería Balaguer habla de la vida en el desierto de California. Personas como ex-convictos o veteranos de guerra deciden alejarse de los demás desplazándose hasta ese lugar inhóspito de infraestructuras precarias. Se percibe cierta conexión con el trauma, la herida: una huida hacia el vacío para curarse o, simplemente, vivir en paz. Las fotografías, tanto de paisaje como retratos, contienen toda la fuerza del lejano oeste americano en nuestro imaginario. Una historia de lo marginal, áspera pero hasta romántica. La idea del malestar en la sociedad (bastante adecuada aquí y ahora) y del aislamiento como elección son temas que me gustaría investigar desde el arte algún día.

El segundo se encuentra junto a Mercedes Mangrané y Quim Packard en Cyan Gallery: Antoni Hervàs explora lo ocurrido con la canción Mprazish del búlgaro Azis, un tema que se hizo muy popular. Recordándolo pone de manifiesto cuestiones controvertidas como el apoyo a la canción por parte de la mafia durante la guerra de los Balcanes, o el travestismo de su autor y la posterior utilización para fines dispares, algunos incluso homófobos. Todo tiene un aire caricaturesco en el que el límite entre la broma y lo serio se difuminan en una total ambigüedad ideológica. Los dibujos vistosos de Hervàs colocados dentro de cajas de cassette ayudan a transmitir esta idea y nos recuerdan que cuando la obra se muestra al público queda en sus manos para transmitirla, transformarla y utilizarla.

Partiendo de un hecho real lejano geográficamente y por lo general desconocido para nosotros, ambos artistas muestran su valor universal elaborando un pequeño relato alrededor de esa historia.

Romanticismo alemán contemporáneo

Actualmente en el Museum für Fotografie de Berlín se puede ver The Quintessential Landscape, exposición de Michael Ruetz. Este artista berlinés ha establecido más de 600 puntos de observación en Alemania para documentar cambios en el paisaje a través de la fotografía. En este caso expone fotografías en gran formato de “Timescape 817”, uno de los paisajes explorados entre 1989 y 2012 situado cerca de los Alpes.

El clima, variaciones meteorológicas, fenómenos naturales o la hora del día determinan los cambios entre fotografías. El lugar, siempre el mismo, aunque para un visitante poco observador podrían parecer lugares diferentes. Elementos como nubes, niebla, nieve o puestas de sol crean resultados plásticos muy diversos. Se percibe cierta inestabilidad propia del cambio constante, así como una reflexión implícita sobre nuestra propia percepción.

Ruetz intenta captar el paso de tiempo a través de la inevitable transformación de, en este caso, el paisaje seleccionado. En otras series trabaja sobre calles, personas o monumentos e intenta registrar las variaciones que sufren en el transcurso de los años. Todas estas series se engloban dentro de “Eye on time”, su proyecto histórico-documental.

El tema es universal y ha sido tratado miles de veces en el arte, pero no deja de ser sorprendente la capacidad de observación y clasificación del paisaje. Ruetz concentra gran parte del poso cultural alemán romántico. El gusto por el paisaje y las ruinas, lo sublime. Goethe como influencia inevitable junto a lo irracional del Sturm und Drang, ahora racionalizado. El trabajo de Ruetz puede entenderse como una revisión de todos esos referentes y simultáneamente como una síntesis contemporánea en forma de documentación fotográfica.

Ser coleccionista es divertido

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Una de las muchas citas artísticas de Berlín es 48 Stunden Neukölln , por desgracia más una fiesta que una propuesta sólida de contenido. Las galerías del distrito están abiertas en horario inusual y se programan tantas actividades y tan diversas que parecen querer dar más importancia a la cantidad que a la calidad. Curiosamente la “exposición central” se sitúa en un centro comercial. Con mi firme creencia en que no importa tanto el lugar de exposición si no cómo se hace, cabe decir que el espacio asignado estaba bastante bien organizado. Otra cosa es el concepto ya que no todas las obras acaban de encajar bien en la muy amplia y vaga idea de “coraje” en la que han querido centrar la exposición.

La iniciativa que captó con diferencia mi atención procede de Frauen Museum, una asociación sin sede fija que tiene como objetivo promover el trabajo de mujeres artistas mediante exposiciones y promoción. 5 Minuten SammlerIn sein es un proyecto participativo que asegura que cualquiera puede sentirse como un coleccionista de arte por unos minutos. El proceso empieza con la elección por parte de la persona de 3 obras entre varias que la organización había traído, todas de las diez artistas participantes. Éstas son colocadas en la pared y la persona es fotografiada con ellas como si estuviera en el salón de su casa con su propia colección. 

Lo cierto es que había cola de más de 20 minutos para hacerse la foto, consiguiendo una participación de público, en su mayoría no relacionado directamente con el arte, que pocas veces se logra en arte contemporáneo. El coleccionista fugaz hace una selección rápida y superficial basada únicamente en el formalismo, sin ni siquiera conocer el título o autor de la pieza. Esa dinámica lúdica podría verse como el máximo exponente del arte como capitalismo y consumo, incluso como elemento de poder. De todo menos de reflexión o cultura contemporánea. ¿Por qué si no a tanta gente le hace gracia sentirse coleccionista de arte contemporáneo si la mayoría no ha ido a ver una exposición en su vida?

Las fotos resultantes se colocan una tras otra en la pared, quedando como prueba de qué obras han sido elegidas más veces y cuales menos. Las obras a elegir eran dignas de feria de arte, dignas de centro comercial incluso. Foto y pintura, colores vivos, alguna pieza escultórica de hierro forjado. Todo bien vistoso. Se me escapa si tanta ironía era intencionada o ha habido algún estrato irónico accidental.