No ser un hombre blanco

I Wanna Be Loved By You

Mattew Weiner dice que cómo convertirse en un hombre blanco, anglosajón y protestante es el tema central de su serie Mad Men (1). Creo que la brecha que separa a un individuo de la meta de la aceptación y el poder es un espacio de outsider por definición, que abarca desde lo social hasta lo emocional. Los trabajos que Gala Garrido (Caracas, 1987) presentó el pasado martes en El Palomar contienen en cierto modo esa brecha con una gran dosis de humor. Sus series fotográficas utilizan iconografías potentes, como Marilyn Monroe, las Bacantes griegas o la ama de casa, y tienen lo cotidiano y la sexualidad como grandes ejes, siempre relacionados con una realidad política.

Vemos pues, obras como la creación de tres estampitas de María Lionza, siendo la propia artista quien posa como deidad folklórica ataviada con los atributos pertinentes. Es una diosa protectora para muchas personas en Venezuela, un símbolo de la madre, como sujeto respetado por encima de todos los demás, igual que la Virgen de Guadalupe en México. El grado de implicación personal es muy alta, empezando por que siempre es la propia artista el sujeto fotografiado. Poniéndose en la piel de los personajes a retratar, se convierte lo ajeno en propio y viceversa. Todas sus obras se relacionan con un contexto o personaje real, utilizando esas iconografías populares y las tradiciones de representación de la historia del arte.

Su serie fotográfica más reciente es el retrato de varias mujeres criminales reales. En este caso, Gala desaparece por primera vez de delante de la cámara. La investigación previa la llevó hasta la cárcel para hablar con las asesinas o sus compañeras. Todos fueron asesinatos atroces aparecidos en los medios de comunicación. Poco a poco, parece que cada vez hay más mujeres usando la violencia (muchas veces contra otras mujeres) y tomando roles masculinos. Por lo insólito de esos crímenes, producen una sonrisa mezclada con cierto grado de admiración. ¿Aceptamos mejor la violencia ejercida por parte de una mujer? ¿Hay algo de paternalismo o condescendencia dadas las sensaciones que nos produce?

La brecha existente entre los personajes que escoge Gala y esa supuesta meta del hombre blanco esta ahí, siendo explorada indirectamente: en Estudio para Bataille, Bellmer, Maruo, en el Manual para la buena ama de casa o en I wanna be loved by you, sobre el desagrado absoluto que Marilyn Monroe, pese a mito sexual, sentía hacia su cuerpo. Ninguno de estos personajes intenta ser otro, pero contiene de alguna forma la incomodidad de ser quién es. 

(1) VV.AA., Mad men o la frágil belleza de los sueños en Madison Avenue. Madrid, Errata Naturae, 2015, p. 28 y 29.

Anuncios

Despropósitos by MACBA

Ha sido una semana de despropósitos culturales en Barcelona. Protagonizados por el MACBA, en concreto por su exdirector Bartomeu Marí, el resumen sería este: falta de transparencia en una institución pública, trato inadecuado a los comisarios de la exposición y censura en pleno siglo XXI con una obra que a estas alturas no escandaliza nada. Una cadena de hechos totalmente innecesarios, pues al final la exposición se inauguró y la obra la ha visto mucha más gente de la que la habría visto en circunstancias normales.

Vuelvo a compartir el documental MACBA: La dreta, l’esquerra i els rics, buena herramienta para entender como se organiza este museo y que en estos momentos resulta especialmente revelador. Viendo el consorcio se entiende un poco más esta voluntad de censura, que claramente no venía de Marí, conocedor de la presencia de la obra mucho antes, sino de poderes por encima de él que le incitaron a no exponer públicamente Not Dressed for Conquering / Haute Couture 04 Transport de Inès Doujak. Muy triste que esos poderes políticos pesen más que el libre pensamiento en un lugar público y de referencia en el ámbito del arte.

Cuando ocurrió el atentado de Charlie Hebdo hace meses me vino algo a la cabeza. Te dedicas a la cultura y muchas personas ningunean tu trabajo, pero un día tocas una tecla determinada y te acaban volando la cabeza. La cultura tiene poder, más del que la sociedad cree muchas veces. Si no, no habría censura, ni atentados, ni muertos, ni esculturas destruidas en el medio oriente. Tal vez esta sea una de las pocas lecturas positivas que se puedan sacar de todo esto.

Aquí el manifiesto de los alumnos del PEI con firmas de apoyo.

Arte y política en una ciudad muerta

10931147_758691570880401_1364061944538838655_n

Ha sido una semana movida en Barcelona. El pase de Ciutat Morta en televisión el pasado sábado ha dado mucho que hablar. En este caso aún cuando parece que no pueden ocurrir más hechos oscuros, por calificarlos de algún modo, aparece otro, como el despido de la ex compañera de Patricia Heras o la tendenciosa portada de El Periódico de hoy.

Ayer por la tarde asistí a las mesas de debate de Ídem, organizado por la Sala d’Art Jove de Barcelona y de Madrid, en Arts Santa Mònica. Una vez fuera hablamos sobre el caso de Ciutat Morta, que finalmente ha tenido la repercusión que sus autores esperaban. La reflexión, estando en contexto artístico, acabó siendo: más quisiera un artista político que su obra llegara a ese extremo de visibilidad bien entendida, pasando a la esfera pública y resultando útil para reabrir casos o como mínimo, mentes.

El formato de documental es mucho menos críptico que el del arte contemporáneo para el gran público. Y para mí esto tiene cierta relación con algo que se dijo durante segunda mesa organizada ayer, dedicada a la autogestión. Juan Canela acabó mencionando a Guanyem y planteó si gente del sector no debería implicarse y meterse, por ejemplo, en su sección de Cultura para tomar las riendas.

Muchas veces el artista o el comisario están observando la realidad desde un punto de vista alejado, como si no formaran parte de ella. La pregunta es: si la red artística institucional no funciona y tiene muchos vacíos, ¿lo mejor no será tomar parte para cambiarlo? ¿Nos hemos resignado a no creer en el trabajo de la institución? Suplir sus vacíos con proyectos autogestionados (echo de menos una buena definición para esta palabra) tantas veces precarios igual no es siempre el mejor camino, o como mínimo, el único.

Por lo demás tuve la sensación, como pasó con A*Live, que el encuentro tenía cierto aire a terapia de grupo más que otra cosa. Tal vez si desde el arte contemporáneo tomáramos parte activa de la sociedad muchas obras serían más respetadas y escuchadas fuera del contexto artístico, sin necesidad de pronunciar las quejas en forma de documental. 

Lo que necesitaba ver

INDIO 019

Qué mejor época que ésta para hablar de basura. Cuando por casualidad descubrí la obra de Art is trash (Francisco de Pájaro) supe que era, sin saberlo, lo que tenía ganas de ver desde hacía tiempo. Su obra es un desafío a varios niveles: el del arte urbano respecto a las estructuras de autoridad y también el de la naturaleza misma del arte. Barcelona es su ciudad base aunque ha trabajado en muchas otras, como Londres o Nueva York.

Art is trash es literalmente lo que su nombre indica: la basura de la calle transformada en pintura e instalación. Cajas de cartón, bolsas, colchones, sofás o neumáticos: todo lo que nos podemos encontrar por las calles de cualquier ciudad. A veces tiene toques alegres e incluso naïf, pero siempre es muy expresionista, recordando a las líneas duras de Basquiat. 

Se percibe una violencia nada casual, pues siempre existe un trasfondo político. Utiliza la imagen del indio americano que, en los grandes relatos, como los de Hollywood, eran siempre los malos de la historia. De una forma subversiva y sarcástica, con mensajes muy directos, pone en duda el sistema de poder y sus abusos. Cree que el artista debería estar conectado con la realidad y que ninguna obra es más importante que los problemas que hay en el mundo. Una obviedad que no deja de ser una declaración antielitista.

En efecto, la naturaleza de Art is trash es más práctica que conceptual, pues es consecuencia directa de la situación que Francisco se encontró. Teniendo cerradas las puertas de las galerías de Barcelona empezó a pintar en la calle, y la fijación municipal contra cualquier arte urbano le condujo a trabajar con la basura. Aún así, ha seguido teniendo problemas con la policía: parece que el arte callejero no es aceptado ni en los desechos. Por todo esto, Art is trash es un síntoma de cómo es ahora esta ciudad (mi ciudad) y es, en definitiva, lo que necesitaba ver caminando por sus calles.

El comisario expandido

He empezado a formarme en diseño gráfico. Esto me ha llevado a darme cuenta de que mis métodos para según qué trabajos de diseño están muy cerca de los métodos curatoriales: busco información, me adueño de ella y la intento utilizar creando algo nuevo con un mensaje determinado. En este sentido, ahora me encuentro a medio camino entre el creador y el comisario que, de hecho, muchas veces no deja de ser también creativo, aunque de otra manera. Bea Espejo resumía bien la complejidad de esta profesión al principio de un artículo de El Cultural del 2012:

La del comisario siempre ha sido una profesión ambigua, y siempre ha estado en el centro de un eterno debate alimentado por la evolución de su función, el estatus de su poder, la tarea de definir su campo de acción y su responsabilidad con el artista y con el público. En cuatro décadas, ha vivido ciclos de todo tipo: de nacimiento en los 70, de gloria en los 80, de boom en los 90, de sobresaturación en los 2000 y, ahora mismo, de replanteamiento.

Todavía dentro de ese replanteamiento, cada comisario interpreta su labor de una forma determinada. Todos tienen cosas en común, inherentes a su trabajo: la construcción de relatos y discursos. Transmitir un mensaje. Algunos enfatizan la faceta de mediador, como vínculo entre arte y público y normalmente centrados en aspectos sociales y educativos. Otros pueden prescindir del artista: el comisario recolector que, vinculado a la idea de colección y archivo, reordena el material para explicar su discurso. Un ejemplo de esta forma de trabajar es la de Gráfica Canalla, exposición de la que hablé hace poco.

¿Debería expandirse definitivamente el concepto de comisario? Ahora más que nunca tanto comisarios como otros agentes culturales buscan otras formas de trabajar, por necesidad económica y casi psicológica. Ante la recesión incesante y siendo la cultura una de las primeras víctimas de recortes económicos, ¿qué hacer? Para empezar, intentar llenar el vacío que han dejado esos recortes. Eso sí, casi siempre sucede en la máxima precariedad, un tema que daría para mucho. Hay muchas maneras de entender el comisariado, y se puede hibridar con muchos otros campos, desde el del artista hasta el del investigador, dinamizador o productor.

Al fin y al cabo, todo se puede comisariar. Todo se puede organizar y dotar de coherencia. Todo se puede asesorar y acompañar, sin olvidar la importancia de la idea a transmitir. Hay muchos formatos que van más allá de la exposición, terrenos que tengo intención de explorar desde el arte y el diseño.

Sant Romà de Sau, publicación

sau

Tras el Swab de este año, debo reconocer que la vuelta rápida que di el día de la inauguración fue bastante escasa como para sacar conclusiones serias. En cualquier caso, en el stand de la galería Sicart exponía Mawa Tres (Juan Pablo Ordúñez) con su proyecto Sant Romà de Sau. Hace meses tuve el placer de escribir en la publicación dedicada a este trabajo y he podido, ¡por fin!, hacerme con un ejemplar físico. La publicación cuenta también con los textos de Alfredo Puente, Núria Miret, Meritxell Font y el mismo Mawa.

Echando la vista atrás, no fue nada fácil escribir ese texto ya que lo tuve que hacer paralelamente a la elaboración misma de la obra, bastante a ciegas. La parte positiva es, sin duda, que eso me obligó a permanecer en contacto con Mawa para ir conociendo los avances y seguir de cerca todo el proceso creativo, algo que no es tan habitual sobretodo para alguien que acostumbra a escribir una vez la obra está acabada y presentada.

Animaría a cualquiera a echarle un vistazo tanto al proyecto como a la publicación, que más allá de los textos, contiene muchas fotografías (preciosas, por cierto) de la ubicación y complementa el trabajo expuesto. En tres días inaugura en Acvic junto con Arturo Rodríguez Bornaetxea e Igor Rezola con este mismo proyecto.

La temperatura del arte actual

alive

Este martes tuvo lugar A*Live, una segunda edición tras la del 2010 para “tomar la temperatura al arte actual” con invitados de diferentes ámbitos: galeristas, artistas, directores de festivales, comisarios, periodistas. Como se dijeron muchas cosas y está disponible en la web de Arts Santa Mónica, la ubicación escogida, no pretendo hacer una crónica si no participar desde aquí con mí opinión, centrándome en la parte que me toca.

Destacaría el hecho que se mencionó al entusiasmo como motor indiscutible de gran mayoría de pequeñas propuestas existentes. Se repitió varias veces el desamparo político actual en lo referente a la cultura, a lo cual yo sumaría la falta de una estructura económica que proporcione continuidad sin depender siempre del dinero público, algo de raíz y que viene de siempre en las artes visuales (no tanto en otras como teatro o cine, aunque estén en situación precaria también).

Cuando uno decide tirar del entusiasmo para organizar algo, poniendo dinero de su bolsillo y tiempo de su ocio ¿se convierte al final en frustración y rabia viendo que esa semilla apenas de frutos? Las especias están bien como método de pago en algunas ocasiones, pero no para toda una vida, ni pagan facturas. La relegación del arte al tiempo libre es su propia tumba, puesto que se acaba tratando de “la otra actividad”, como si de un hobby se tratara en vez de algo serio como la profesión que, en teoría, es. No hay nada más dañino a corto plazo para su promotor y a largo para el arte mismo.

Es cierto que hay un desamparo ideológico y político que nos lleva a una situación confusa general. A la postre, esta situación se convierte en nada, tal como apuntó Teresa Sesé: la comunidad artística se encuentra dócil y callada ante recortes y el desmantelamiento de toda una red en el momento en el que empezaba a cuajar.

Se agradece esta nueva edición del A*Live, sin duda, una buena idea de A*Desk, pero también queda el regusto de que es un debate sobre el arte para gente del arte, y que si no se va más allá tampoco desembocará nunca en soluciones prácticas. Sería positiva una continuidad de la propuesta para que estos temas se acaben convirtiendo en algo un poco más público, no limitados a la inauguración o al bar de copas entre amigos y colegas. Tomar la temperatura está bien, pero no cura al enfermo.