ARCO es una excusa

Ya he ido a Madrid este año: ARCO, ese ritual anual. Desplazarse (¿Avión? ¿Algún AVE barato?), bajar en la siempre lejana parada de metro Campo de las Naciones, caminar hasta la entrada de Ifema, utilizar el pase conseguido de alguna manera, seguir andando unos minutos hasta los pabellones del final. Entrar, intentar seguir algún tipo de recorrido lógico. Cansarse y salir al cabo de 3 o 4 horas con sobredosis de información y aturdimiento mental.

ARCO siempre es una experiencia parecida, pero con matices. Desde una óptica como la mía (ni coleccionista, ni artista, ni galerista), intento que sea un barómetro de la situación del mundo artístico (y no artístico) y que me aporte conocimiento, con el descubrimiento de artistas y galerías que no conocía. El problema: nunca hay tiempo suficiente para verlo todo y nunca me gusta el 80% de obras que veo (vender, vender, vender). El otro 20% lamento no poderlo disfrutar más, profundizar en él y verlo con calma, contextualizado. Ya se sabe, esto es una feria, y una feria es para vender, aunque la presencia del factor tiempo y, sobretodo, del comisario, sería útil. ¿Tan imposible es que mercado y calidad convivan de forma satisfactoria? La novedad de este año, Solo/Duo, es decir, galerías que presentan solamente uno o dos artistas en stands más pequeños, ha sido un buen comienzo para hacerlo más digestivo y agradable. Es un buen paso, pero no el último… Harán falta más para que ARCO no se quede atrás.

Aún siendo la cuarta edición que veo, para mi ARCO es aún un mundo difícil. Difícil por su gran envergadura y por lo complejo y secreto de las relaciones que lo rigen (en arte nunca es fácil distinguir entre negocios y vida privada). Sin embargo, por encima de todo, creo que se me aleja por una cuestión generacional, aún habiendo cambiado en las últimas ediciones. Es una feria que mantiene su estatus pero, haya o no un buen balance para los galeristas, está alejada de la realidad y se le notan los años. Mientras tanto, en el mundo exterior, la prensa habla de las “celebrities” que van a la inauguración, desde Alaska y Mario hasta Felipe y Letizia saludando a Ana Botella. Y eso es, a grosso modo, todo lo que sabe el público general sobre ARCO, y prácticamente también sobre el arte contemporáneo, en un momento en el que se acaba de celebrar la increíble (en todos los sentidos) gala de los premios RAC , un estrepitoso fracaso que, por suerte, tampoco ha tenido demasiada repercusión mediática.

Para algunos de los que sí vamos, ARCO es aún un gigante que crea encuentros interesantes fuera de sus puertas (“¿Este año irás a ARCO? ¡Nos vemos allí!”). Es la excusa para viajar a Madrid unos días, encontrarse a gente, ver exposiciones y JustMad y tomar copas por el centro, comentando la jugada. Poco más.

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