La puesta en marcha de una persona

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Hasta de aquí unas semanas se puede ver la segunda exposición individual de Iván Argote en Barcelona. Se trata de La puesta en marcha de un sistema en galería ADN. Argote busca la relectura de símbolos, documentos e imágenes ideológicas del pasado para cuestionar la autoridad presente. La obra que da nombre a la exposición es un conjunto de composiciones hechas con material del archivo personal del artista. Mediante propaganda política, fotografías o retratos, se crean diferentes capas de lectura, tanto literal como figuradamente. Las estructuras buscan encontrar nuevos significados al pasado a través de los documentos históricos.

Reddish Blue (2015) se inspira en una fotografía del padre del artista, en la que se le ve a él en los años 70 enseñando a los niños a ser buenos activistas. La anécdota histórica que Argote extrae es sobre Kodak y su emulsión fotográfica, que hacía que las fotografías se volvieran rojas al envejecer. En el contexto de la Guerra Fría pareció inaceptable que los archivos de los Estados Unidos pudieran acabar siendo de ese color, de forma que la compañía desarrolló un nuevo sistema de revelado que convertía las fotografías en azules con el paso de los años.

Esto se narra con diferentes frases a través de diapositivas colocadas en un carousel. Se trata de una anécdota tan graciosa como reveladora que, sin embargo, no puede adivinarse viendo solo la pieza. En su día, fue una reflexión del presente en relación al futuro (la transformación en rojo de las imágenes), y ahora tanto la anécdota, como obra y la expo, viajan del pasado hacia nuestros días. Más que un dialogo con la historia, la muestra es una interpretación personal, donde las obras actúan como elementos de un collage histórico dentro de la galería y ponen en duda el pasado ideológico y, por tanto, también el presente.

En anteriores obras de Iván Argote como La estrategia (2012) o Two 50 years old white males having emotions (2013) se destila cierta rebeldía e interés por lo revolucionario, temas que tienen menos peso en sus obras más recientes. Es en la última obra expuesta, Activissme – Thessaloniki (2015), dónde aún se ven. Se trata de un vídeo de la intervención que busca estimular a los niños para que hagan eslóganes de protesta. Argote utiliza la energía juvenil, pre-política, para hacer algo que todavía no le es natural. Esta pieza, igual que Reddish Blue, parte una actividad que su padre hizo tres décadas antes, es decir, toda la subversión hacia lo establecido se ve trastocada por ese referente paterno que puede resultar casi irónico.

La exposición trata de rehacer conceptos políticos globales a través de elementos pequeños y cotidianos. A parte de mostrar la puesta en marcha de un sistema, simplificando ese gigante engranaje para hacer asequible su análisis, la expo podría llamarse también “La puesta en marcha de una persona”, pues todos nacemos dentro de un sistema y acabamos aceptándolo, negándolo o analizándolo desde nuestra individualidad. Y esa individualidad, que se puede entender como un microsistema, se forma partiendo de un contexto social, una familia y unos genes, como los del padre de Argote.

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Dos historias

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Una semana después de la inauguración de la tercera edición de Art Nou, primera visió en las galerías de Barcelona ya he visto la mayoría de exposiciones y me gustaría destacar dos trabajos.

El primero es de Yurian Quintanas cuya exposición fotográfica documental Happy Nothing en la Galería Balaguer habla de la vida en el desierto de California. Personas como ex-convictos o veteranos de guerra deciden alejarse de los demás desplazándose hasta ese lugar inhóspito de infraestructuras precarias. Se percibe cierta conexión con el trauma, la herida: una huida hacia el vacío para curarse o, simplemente, vivir en paz. Las fotografías, tanto de paisaje como retratos, contienen toda la fuerza del lejano oeste americano en nuestro imaginario. Una historia de lo marginal, áspera pero hasta romántica. La idea del malestar en la sociedad (bastante adecuada aquí y ahora) y del aislamiento como elección son temas que me gustaría investigar desde el arte algún día.

El segundo se encuentra junto a Mercedes Mangrané y Quim Packard en Cyan Gallery: Antoni Hervàs explora lo ocurrido con la canción Mprazish del búlgaro Azis, un tema que se hizo muy popular. Recordándolo pone de manifiesto cuestiones controvertidas como el apoyo a la canción por parte de la mafia durante la guerra de los Balcanes, o el travestismo de su autor y la posterior utilización para fines dispares, algunos incluso homófobos. Todo tiene un aire caricaturesco en el que el límite entre la broma y lo serio se difuminan en una total ambigüedad ideológica. Los dibujos vistosos de Hervàs colocados dentro de cajas de cassette ayudan a transmitir esta idea y nos recuerdan que cuando la obra se muestra al público queda en sus manos para transmitirla, transformarla y utilizarla.

Partiendo de un hecho real lejano geográficamente y por lo general desconocido para nosotros, ambos artistas muestran su valor universal elaborando un pequeño relato alrededor de esa historia.

Nuevas estructuras y nueva temporada

Hace cosa de un mes asistí por primera vez en la vida a un Instameet. Sí, una reunión de Instagramers. Cosa de amistades metidas en el tema, ya que yo utilizo la famosa aplicación bastante poco y sin ninguna meta en concreto. Se trataba de Regenerate14, un evento organizado por The Lab Magazine en el hostel berlinés Generator que tenía como objetivo ganar clientes y renovar su aspecto.

Se trataba de música, alguna perfomance y sobretodo instalaciones por varios rincones del hostel encargadas a unos cuantos artistas. Todas eran muy vistosas y enfocadas a ser fotografiadas. Los instagramers en cuestión asistían y publicaban fotos con el hashtag adecuado y así el hostel conseguía publicidad. Muchos de los asistentes eran instagramers de varias procedencias con miles de seguidores, algunos ya se conocían de otros meetings y de interactuar a través de la aplicación. Hay empresas que debido a su gran cantidad de seguidores, les encargan que fotografíen cosas o eventos de forma remunerada, pequeños encargos de gran difusión y coste mínimo para las empresas igual que pasa con tantos bloggers que promocionan productos.

La sensación ese día en el Generator Hostel era de fiesta y de inauguración. Todo puede verse como bastante banal, una forma de pasar el rato y establecer lazos sociales, pero también de negocios. Conseguir seguidores nuevos, y conocer instagramers influyentes. Aquí es donde todo se mezcla: acto social, acto de negocios, acto festivo. Y uno hace fotos de su día a día mezcladas con encargos para empresas. Los límites entre lo verdadero y lo falso, lo real y lo irreal se desdibujan tanto que casi dejan de existir.

Podríamos decir que hoy empieza oficialmente la temporada artística en Barcelona, como, intuyo, en muchas otras ciudades. Tras el verano se reanuda el ritmo de inauguraciones incluyendo la posterior fiesta de las galerías de Art Barcelona en La Capella. Allí se mezcla de nuevo la fiesta, la inauguración, la vida personal y la profesional. Por desgracia, en arte contemporáneo la mayoría de veces ni siendo un buen profesional puedes ganarte la vida: hay poco publico, cada vez menos subvenciones y las empresas no suelen invertir.

¿Es lícito vivir siempre de subvenciones?¿Hace falta acercarse a un público más amplio? ¿Hay que conseguir inversión privada? ¿Puede hacerse sin rebajar la calidad? Unas preguntas eternas. Lo que es seguro es que las estructuras están cambiando, quizás a mejor. Los nuevos negocios surgidos en la web 2.0 podrían ser inspiradores para todo el sector cultural. ¿Alguna idea para esta recién estrenada temporada?