Nuevas estructuras y nueva temporada

Hace cosa de un mes asistí por primera vez en la vida a un Instameet. Sí, una reunión de Instagramers. Cosa de amistades metidas en el tema, ya que yo utilizo la famosa aplicación bastante poco y sin ninguna meta en concreto. Se trataba de Regenerate14, un evento organizado por The Lab Magazine en el hostel berlinés Generator que tenía como objetivo ganar clientes y renovar su aspecto.

Se trataba de música, alguna perfomance y sobretodo instalaciones por varios rincones del hostel encargadas a unos cuantos artistas. Todas eran muy vistosas y enfocadas a ser fotografiadas. Los instagramers en cuestión asistían y publicaban fotos con el hashtag adecuado y así el hostel conseguía publicidad. Muchos de los asistentes eran instagramers de varias procedencias con miles de seguidores, algunos ya se conocían de otros meetings y de interactuar a través de la aplicación. Hay empresas que debido a su gran cantidad de seguidores, les encargan que fotografíen cosas o eventos de forma remunerada, pequeños encargos de gran difusión y coste mínimo para las empresas igual que pasa con tantos bloggers que promocionan productos.

La sensación ese día en el Generator Hostel era de fiesta y de inauguración. Todo puede verse como bastante banal, una forma de pasar el rato y establecer lazos sociales, pero también de negocios. Conseguir seguidores nuevos, y conocer instagramers influyentes. Aquí es donde todo se mezcla: acto social, acto de negocios, acto festivo. Y uno hace fotos de su día a día mezcladas con encargos para empresas. Los límites entre lo verdadero y lo falso, lo real y lo irreal se desdibujan tanto que casi dejan de existir.

Podríamos decir que hoy empieza oficialmente la temporada artística en Barcelona, como, intuyo, en muchas otras ciudades. Tras el verano se reanuda el ritmo de inauguraciones incluyendo la posterior fiesta de las galerías de Art Barcelona en La Capella. Allí se mezcla de nuevo la fiesta, la inauguración, la vida personal y la profesional. Por desgracia, en arte contemporáneo la mayoría de veces ni siendo un buen profesional puedes ganarte la vida: hay poco publico, cada vez menos subvenciones y las empresas no suelen invertir.

¿Es lícito vivir siempre de subvenciones?¿Hace falta acercarse a un público más amplio? ¿Hay que conseguir inversión privada? ¿Puede hacerse sin rebajar la calidad? Unas preguntas eternas. Lo que es seguro es que las estructuras están cambiando, quizás a mejor. Los nuevos negocios surgidos en la web 2.0 podrían ser inspiradores para todo el sector cultural. ¿Alguna idea para esta recién estrenada temporada?

Romanticismo alemán contemporáneo

Actualmente en el Museum für Fotografie de Berlín se puede ver The Quintessential Landscape, exposición de Michael Ruetz. Este artista berlinés ha establecido más de 600 puntos de observación en Alemania para documentar cambios en el paisaje a través de la fotografía. En este caso expone fotografías en gran formato de “Timescape 817”, uno de los paisajes explorados entre 1989 y 2012 situado cerca de los Alpes.

El clima, variaciones meteorológicas, fenómenos naturales o la hora del día determinan los cambios entre fotografías. El lugar, siempre el mismo, aunque para un visitante poco observador podrían parecer lugares diferentes. Elementos como nubes, niebla, nieve o puestas de sol crean resultados plásticos muy diversos. Se percibe cierta inestabilidad propia del cambio constante, así como una reflexión implícita sobre nuestra propia percepción.

Ruetz intenta captar el paso de tiempo a través de la inevitable transformación de, en este caso, el paisaje seleccionado. En otras series trabaja sobre calles, personas o monumentos e intenta registrar las variaciones que sufren en el transcurso de los años. Todas estas series se engloban dentro de “Eye on time”, su proyecto histórico-documental.

El tema es universal y ha sido tratado miles de veces en el arte, pero no deja de ser sorprendente la capacidad de observación y clasificación del paisaje. Ruetz concentra gran parte del poso cultural alemán romántico. El gusto por el paisaje y las ruinas, lo sublime. Goethe como influencia inevitable junto a lo irracional del Sturm und Drang, ahora racionalizado. El trabajo de Ruetz puede entenderse como una revisión de todos esos referentes y simultáneamente como una síntesis contemporánea en forma de documentación fotográfica.

Ser coleccionista es divertido

5 Minuten SammlerIn sein

Una de las muchas citas artísticas de Berlín es 48 Stunden Neukölln , por desgracia más una fiesta que una propuesta sólida de contenido. Las galerías del distrito están abiertas en horario inusual y se programan tantas actividades y tan diversas que parecen querer dar más importancia a la cantidad que a la calidad. Curiosamente la “exposición central” se sitúa en un centro comercial. Con mi firme creencia en que no importa tanto el lugar de exposición si no cómo se hace, cabe decir que el espacio asignado estaba bastante bien organizado. Otra cosa es el concepto ya que no todas las obras acaban de encajar bien en la muy amplia y vaga idea de “coraje” en la que han querido centrar la exposición.

La iniciativa que captó con diferencia mi atención procede de Frauen Museum, una asociación sin sede fija que tiene como objetivo promover el trabajo de mujeres artistas mediante exposiciones y promoción. 5 Minuten SammlerIn sein es un proyecto participativo que asegura que cualquiera puede sentirse como un coleccionista de arte por unos minutos. El proceso empieza con la elección por parte de la persona de 3 obras entre varias que la organización había traído, todas de las diez artistas participantes. Éstas son colocadas en la pared y la persona es fotografiada con ellas como si estuviera en el salón de su casa con su propia colección. 

Lo cierto es que había cola de más de 20 minutos para hacerse la foto, consiguiendo una participación de público, en su mayoría no relacionado directamente con el arte, que pocas veces se logra en arte contemporáneo. El coleccionista fugaz hace una selección rápida y superficial basada únicamente en el formalismo, sin ni siquiera conocer el título o autor de la pieza. Esa dinámica lúdica podría verse como el máximo exponente del arte como capitalismo y consumo, incluso como elemento de poder. De todo menos de reflexión o cultura contemporánea. ¿Por qué si no a tanta gente le hace gracia sentirse coleccionista de arte contemporáneo si la mayoría no ha ido a ver una exposición en su vida?

Las fotos resultantes se colocan una tras otra en la pared, quedando como prueba de qué obras han sido elegidas más veces y cuales menos. Las obras a elegir eran dignas de feria de arte, dignas de centro comercial incluso. Foto y pintura, colores vivos, alguna pieza escultórica de hierro forjado. Todo bien vistoso. Se me escapa si tanta ironía era intencionada o ha habido algún estrato irónico accidental.

Matta-Clark en movimiento

Matta-clark, thomas schulte

Este fin de semana es el Gallery Weekend de Berlín y ha sido también mi primera toma de contacto in situ con las galerías de la ciudad. Entre las que tenía que ver inevitablemente estaba Thomas Schulte, por dos razones. La primera, porque la conozco de verla en ferias desde hace años y siempre me gusta lo que exponen, y la segunda es que inauguraban ayer con Matta-Clark. 

El espacio es enorme incluso para lo que me esperaba. Matta-Clark lo comparte con Dieter Appelt y hay que decir que los dos conviven bastante bien por sus temáticas relacionadas con el cuerpo y su entorno. Sin embargo y pese a la enorme escultura de Appelt de cinco metros de alto, Matta-Clark es el protagonista con varios vídeos. Intervenciones, experimentos, juegos con amigos: todos entre el documento y la obra, de gran interés al ser entendidos como un todo junto a sus trabajos más conocidos.

Estas grabaciones, lejos de mostrar los característicos edificios recortados del artista, ofrecen otras facetas. En uno aparecen bailando con unos paraguas de colores por la calle, consecuencia de la lluvia que cayó el día de la inauguración de la estructura Open House en Nueva York. En otro (Tree Dance) trepan por árboles utilizando cuerdas y escaleras. En Chinatown Voyeurs juega con el interior y el exterior examinando el skyline y la intimidad de los apartamentos del barrio Chinatown de Nueva York. 

Algunos considerados piezas en sí mismos y otros documentos paralelos, todos ellos dejan ver el trasfondo de la obra de Matta-Clark y las motivaciones que le hicieron cortar casas. Expuestos todos juntos muestran el carácter performativo del artista y su interés por lo social en relación con el espacio y la arquitectura. Es Matta-Clark en todo su esplendor en una exposición que explica lo esencial de él sin decir casi nada mediante la palabra. 

Druck Berlin y el valor de las cosas

Druck Berlin

Este mes hice coincidir mi visita a Berlin con el Druck Berlin Festival, un encuentro entre mercadillo de Navidad y serigrafías. Esta combinación da como resultado una muestra de ilustración y diseño sin pretensiones. Arte para comprar pero también para ver, para pasearse, una expo sin discurso que permite ver cosas que no se suelen ver juntas en otros sitios, pues han invitado a artistas de todo el mundo. Mi mini selección: Tind, Laura Piantoni y Victor Ash.

No se puede pasar por alto el espacio: Stattbad, una antigua piscina de los años 60 reconvertida en lugar para la cultura. Reconvertida en uso y nada más, porque todas las instalaciones están prácticamente intactas. Las obras cuelgan en las paredes turquesas de los vestuarios, en las gradas, y la piscina vacía sirve de lugar de serigrafiado.

Me ha hecho repensar la manía que tenemos por aquí de ser tan pulcros cuando exponemos algo, de esconder todos los cables, de dar capas y capas de blanco a las paredes, de todas las intervenciones que se creen necesarias para cambiarle el uso a un lugar. Stattbad era una piscina y lo sigue siendo, ha cambiado solo su uso sin ser necesario prácticamente nada más. Se percibe una sinceridad muy simple: se organiza algo para vender, en un lugar que era otra cosa. El arte y los artistas necesitan dinero, lo que hay es asequible, pero para cubrir costes también se cobra una entrada asequible. Se hace y funciona.

A veces sigue habiendo una cierta hipocresía peninsular (en arte y en todo) de esconder lo que uno cobra, de no decir el sueldo ofrecido en una entrevista de trabajo o de no cobrar por algo que implica horas, costes monetarios y esfuerzo. Todos sabemos que se necesitan recursos para el arte, que si no no se produce, pero desde la institución no se aplican medidas y a veces a pequeña escala tampoco nos atrevemos. Nos cuesta pedir, tal vez  por inseguridad y sensación de inferioridad… ¿también peninsular?

Digamos que ir al Druck me ha recordado que podríamos hacer las cosas de una forma un poco diferente a la habitual. La falta de recursos de los últimos años ya ha propiciado cambios en ese aspecto: ya no se confía en las ayudas públicas (que a veces ni llegan), en las promesas políticas (que tampoco llegan) ni, resumiendo, en nada que dependa de los demás. La auto gestión y las iniciativas a pequeña escala son las que mejor están funcionando, y seguramente nos acerquemos a ese do it yourself con cubo blanco o sin él, bien por gusto, bien por necesidad. Tal vez solo nos falte atrevernos a dar valor monetario a nuestro trabajo y estar dispuestos a pagar un precio justo por el de los demás. Y no me refiero a crowdfunding.