Druck Berlin y el valor de las cosas

Druck Berlin

Este mes hice coincidir mi visita a Berlin con el Druck Berlin Festival, un encuentro entre mercadillo de Navidad y serigrafías. Esta combinación da como resultado una muestra de ilustración y diseño sin pretensiones. Arte para comprar pero también para ver, para pasearse, una expo sin discurso que permite ver cosas que no se suelen ver juntas en otros sitios, pues han invitado a artistas de todo el mundo. Mi mini selección: Tind, Laura Piantoni y Victor Ash.

No se puede pasar por alto el espacio: Stattbad, una antigua piscina de los años 60 reconvertida en lugar para la cultura. Reconvertida en uso y nada más, porque todas las instalaciones están prácticamente intactas. Las obras cuelgan en las paredes turquesas de los vestuarios, en las gradas, y la piscina vacía sirve de lugar de serigrafiado.

Me ha hecho repensar la manía que tenemos por aquí de ser tan pulcros cuando exponemos algo, de esconder todos los cables, de dar capas y capas de blanco a las paredes, de todas las intervenciones que se creen necesarias para cambiarle el uso a un lugar. Stattbad era una piscina y lo sigue siendo, ha cambiado solo su uso sin ser necesario prácticamente nada más. Se percibe una sinceridad muy simple: se organiza algo para vender, en un lugar que era otra cosa. El arte y los artistas necesitan dinero, lo que hay es asequible, pero para cubrir costes también se cobra una entrada asequible. Se hace y funciona.

A veces sigue habiendo una cierta hipocresía peninsular (en arte y en todo) de esconder lo que uno cobra, de no decir el sueldo ofrecido en una entrevista de trabajo o de no cobrar por algo que implica horas, costes monetarios y esfuerzo. Todos sabemos que se necesitan recursos para el arte, que si no no se produce, pero desde la institución no se aplican medidas y a veces a pequeña escala tampoco nos atrevemos. Nos cuesta pedir, tal vez  por inseguridad y sensación de inferioridad… ¿también peninsular?

Digamos que ir al Druck me ha recordado que podríamos hacer las cosas de una forma un poco diferente a la habitual. La falta de recursos de los últimos años ya ha propiciado cambios en ese aspecto: ya no se confía en las ayudas públicas (que a veces ni llegan), en las promesas políticas (que tampoco llegan) ni, resumiendo, en nada que dependa de los demás. La auto gestión y las iniciativas a pequeña escala son las que mejor están funcionando, y seguramente nos acerquemos a ese do it yourself con cubo blanco o sin él, bien por gusto, bien por necesidad. Tal vez solo nos falte atrevernos a dar valor monetario a nuestro trabajo y estar dispuestos a pagar un precio justo por el de los demás. Y no me refiero a crowdfunding.